Una Condena sin fin.El retorno de algunos represaliados.

(40 años de guerra al rojo y masón I)

Algunos regresaron al poco de caer en manos de los fascistas, ya que fueron prontamente liberados; otros volvieron a los meses o a los años de su detención o exilio. Al salir de la cárcel, el calvario continuó. La verdad es que para poco hacían falta las cárceles, cuando todo el País se había convertido en una gran cárcel. Sometidos a una terrible trilogía: hambre, domino fascista de la calle y duelo. Las autoridades del nuevo régimen, no estaban dispuestas a favorecer la reconciliación nacional, ni a permitir la inserción de los vencidos en la sociedad.

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Cuando los derrotados republicanos regresaban, en general eran detenidos y recluidos en cárceles, la mayoría de ellas instaladas en locales improvisados. Se les dispensaba un trato humillante, con palizas periódicas, era la aplicación en toda su intensidad de la política del revanchismo, sustentada legalmente en la Ley de Responsabilidades Políticas (LRP) de 9 de febrero de 1939, aprobada antes incluso de la victoria definitiva, y en la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1 de marzo de 1940, los republicanos fueron juzgados los por apoyo a la rebelión, cuando eran los integrantes del bando vencedor los que habían dado el golpe de Estado.

Terminada la guerra, pretenden aliviar el enorme número de presos y la carga para el Estado, y lo harán en dos fases, una primera en 1940, y otra un lustro después. La primera trajo consigo el decreto de 4 de junio de 1940 donde concedía la libertad condicional para los condenados a a menos de 6 años. El mismo día que se decretaba la composición del Tribunal Especial contra la Represión de la Masonería y Comunismo. Así se prodigó la concesión de indultos para reducir el volumen de las cárceles, enviando a los reclusos bien al destierro o a la libertad condicional. En esta libertad vigilada el preso no podía desplazarse del destino ordenado, suponía una continua tensión y vigilancia, era un estado de dependencia continua de las autoridades fascistas. Cuando comenzaron a excarcelar algunos fueron al destierro, eso dificultó con ese alejamiento el apoyo de los cercanos, de las familias y la ayuda mutua. A los desterrados presos, que no se les facilitó el informe favorable, impidiendo la vuelta a casa o su libertad condicional.

Un lustro después se concede otro indulto, en 1945 (9-10-45) a los condenados por rebelión militar que no hubiesen cometido hechos repulsivos para toda conciencia horada, pero a los presos se les sigue tratando como a delincuentes. Además, simultáneamente en esos años de 1945/46 comienza, como hemos visto en estas páginas, una nueva fase de represión en la que profundizan en el aislamiento de los desafectos.

La vida después de las cárceles no fue sencilla. La calle era un prolongación de la cárcel, además se le agravó su situación con las ideas que les iban surgiendo a los humilladores de turno: Limitaciones de residencia, controles continuos, multas disimuladas como donativos, si no volvía a prisión…. Hasta en ocasione cada vez que conseguían trabajo, la Guardia Civil lograba que los despidieran por rojos. Hubo muchos ciudadanos en las Merindades que tuvieron que emigrar a América, a Alemania, a Francia… por no poder soportar la continua presión a la que estaban sometidos.

El duelo
A su regreso, encontraron un pueblo muy diferente. No encontraron a todos los vecinos que seguían todavía en prisión, en batallones de trabajadores o en el exilio. Faltarían para siempre los muertos como consecuencia de la guerra y la represión. Los ausentes eran a menudo gente cercana a los que retornaban: familiares, amigos, compañeros de trabajo, en los proyectos sociales anteriores a la guerra, de trinchera… Volver al pueblo era, además, reencontrarse con las esposas, las novias, las madres, los padres, los hermanos y hermanas… de todas esas personas fallecidas o represaliadas. El dolor por la pérdida o ausencia de los seres queridos y los compañeros, a pesar del manto de silencio impuesto por los vencedores, estaba presente.

El dominio fascista
Sometidos, dependiendo siempre de Informes del alcalde y de la Guardia Civil, los retornados encontraron un pueblo dominado por los vencedores y debieron hacer frente al estigma de haber sido rojos. Se encontraban en una continua humillación, y condenados públicamente al recuerdo constante de su derrota. La Falange y el párroco impulsaban una segregación social, un colonialismo al revés, dicen los autores de La obra del miedo, los vencidos quedaron fuera de la nueva sociedad pero al mismo tiempo obligados a adoptar sus formas y venerarla.

El hambre y miseria.
Fueron años duros para casi todos donde el hambre era una constante, especialmente para los perdedores de la guerra. Las expropiaciones y multas que sufrieron algunos de ellos, el sistema de racionamiento, etc., provocaron que las condiciones de vida fueran aún más difíciles. Mención especial merecen las dificultades para reiniciar su vida laboral y sacar adelante a sus familias. El trabajo es escaso, pero además se les negó el trabajo por su ideología. En las empresas se habilitó un sistema de exclusión laboral conocido como “cuarentena” (Registro de Colocación Obrera en su denominación oficial), consistente en no readmitir de inmediato a todos los antiguos trabajadores que volvían de prisión o de batallones de trabajadores, por el hecho de haber sido “rojos”. La duración de la cuarentena oscilaba entre los 6 meses y los 2 años, aumentando las dificultades para encontrar empleo.

La vida de estas personas tras su puesta en libertad fue dura. “Durante la dictadura muchos estuvieron fichados y por lo tanto ‘las listas negras’ estaban a la orden del día, así como los certificados de penales y de buena conducta formaban parte de lo cotidiano. Haber estado preso, o simplemente detenido, significada un estigma en todas las facetas de la vida (acceso a los mínimos servicios públicos; viviendas, colegios, universidades, trabajo, pasaporte- Algo de todo ello hablamos en la entrada: Otros ámbitos de la represión laboral

A pesar de todo…SOLIDARIDAD
Los retornados pudieron, por fin, encontrarse con el calor de su gente y con la solidaridad de amigos y convecinos. Igualmente, recibieron el cariño y la complicidad de una parte del pueblo que, como ellos, también se sentía en el bando perdedor de la guerra. También hubo empresarios que en la medida de sus posibilidades colocaron en sus fábricas a los perdedores de la guerra que retornaron al pueblo. El lado solidario del género humano no pudo ser desterrado.

Acerca de Las Merindades en la memoria.

Una invitación a participar en una INVESTIGACION ABIERTA Y PARTICIPATIVA. Y simultaneamente un espacio de homenaje a las victimas. Haz algo. Contactanos merinmemo@gmail.com
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Una respuesta a Una Condena sin fin.El retorno de algunos represaliados.

  1. Marta dijo:

    Yo he oido contar a las gentes de Arreba que los que regresaron encontraron sus casas vacias. Aperos de labranza, herramientas, calderos… ya no estaban. Con el tiempo, los fueron descubriendo entre los vecinos que habían permanecido en el pueblo. Pero nunca les fueron devueltos.

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