PAULINO LAFUENTE RIANCHO de Quintaentello.

Jesús Pablo Domínguez Varona y Aiyoa Arroia Lafuente han escrito estas líneas sobre este hombre comprometido con su mundo y su tiempo que fue Paulino Lafuente. Paulio, que era de Quintanaetello (Valdebezana), también llevó un tiempo preso en el penal de Vadenoceda. Os dejamos con sus palabras:

LA GUERRA CIVIL. 1937-39. ANDANZAS POR LOS FRENTES DE GUERRA.

PAULINO LAFUENTE de QuintaentelloPaulino Lafuente Riancho tenía 19 años cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 y se alistó voluntario para combatir contra los sublevados nacionales. Por edad aún no entraba en el llamamiento a filas que la república había realizado el 21 de febrero mediante una Orden del Estado Mayor del Ejército del Norte para movilizarse todos los ciudadanos mayores de 20 a 45 años.

Nacido y criado en en Quintanaello (Valdebezana) de unos 20 años, donde era carpintero dentro de una familia de clase obrera con padre y familiares socialistas es lógico adivinar sus afinidades políticas y sentimientos izquierdistas, por lo que fue a engrosar las filas del ejército republicano. Sufrió en su más cercana familia los fusilamientos, entre ellos el de su propio padre. Sus hermanos, Antonio, Felipe y Vicente también sufrieron prisión.

Se alistó al ejército republicano por ser simpatizante de UGT y PS, siendo enviado al 1º Batallón de Sanidad de Santander con base en el cuartel de El Alta, en Santander. Dentro del propio batallón formó parte del contingente Sanitario como camillero con la graduación de cabo, ascenso obtenido rápidamente a primeros de agosto de 1936, apenas un mes después de la sublevación nacional.

Su compañía estaba siempre en primera línea del frente, que por aquellas fechas estaba localizado en tierras montañesas de Burgos y Santander, desgraciadamente muy cerca de la casa familiar en Quintanaentello, Valdebezana.

El ámbito de actuación de su compañía sanitaria estaba situado en todos los frentes abiertos del norte de Burgos, accesos a Santander y frente de Bilbao en la zona del cinturón de hierro en Artxanda.

Cuando el frente del cinturón de hierro comienza a caer se traslada a Bilbao con su la compañía y se encarga de la evacuación de los heridos a la retaguardia. Concretamente, ante la caída de Bilbao, los heridos los recogían en las inmediaciones de Artxanda para trasladarlos a Santander. Roto el frente de Bilbao se optó por la evacuación rápida hacia territorio cántabro sin dejar de atender los heridos que iban cayendo en la retirada. En el Alto de Saltacaballos (Castro Urdiales-Cantabria) un batallón del PNV se empeñó en defender la retirada de las tropas republicanas cuando el acorazado Cervera les vio. Comenzó el bombardeo contra esa posición y los heridos caían, sin posibilidad de defenderse. Sucedió que estando la ambulancia recogiendo y trasladando a los heridos, un obús disparado por el acorazado franquista, atravesó la camioneta-ambulancia entrando por la puerta trasera y saliendo por el cristal delantero sin explotar.Esa fue la primera vez que vio de cerca la muerte, tan cerca que si estira la mano podría haberla tocado. Afortunadamente el obús asesino paso de largo.

LUCHANDO EN CANTABRIA, ASTURIAS Y LEON.

Tras la caída de Bizkaia y la rendición en masa de los batallones nacionalistas vascos en Santoña (Cantabria) los supervivientes y otros batallones que no quisieron rendirse al enemigo, que fueron los italianos, pasaron a engrosar las filas para la defensa de Santander, ya que si se entregaban a los fascistas italianos la seguridad de su vida era prácticamente nula.

Allí estuvo Paulino hasta que también Santander cayó en manos franquistas, por lo que nuevamente los republicanos que no habían caído prisioneros o en el peor de los casos muertos, se lanzaron a defender el último reducto de la República libre en el norte de España, Asturias. Es enviado a Mieres donde pasa a formar parte de la “Brigada Montañesa”, que con cerca de 1200 hombres repartidos en tres batallones pretende hacer frente a la maquinaria bélica militar rebelde. El frente en aquellos momentos estaba en Villamarín y Busdongo, aunque no por mucho tiempo.

El 26 de agosto de 1937  Santander cae y se da la orden de evacuación general. Muchos son muertos, otros hechos prisioneros y otros con mucho valor deciden no entregarse y seguir luchando, aunque sea como guerrilleros. Los demás, viendo que aquello se acaba y a sabiendas de las represalias deciden regresar a casa. En este caso se encontró Paulino y otros muchos combatientes, que rápidamente decidieron no entregarse, huir al monte para regresar a sus casas y enfrentarse a cantidad de penurias y sobre todo a la venganza de los ganadores y de su mano armada, los grupos falangistas y la Guardia Civil.
Es en este momento cuando ante el temor de ser hecho prisionero se arranca los galones de cabo que hasta el momento llevaba. La ejecución de los que algún mando tenían era inmediatamente realizada por los que les capturaran

Entre todos los que habían huido formaban un grupo muy numeroso muy fácil de descubrir, por lo que decidieron formar pequeños grupos para sobrevivir mejor y pasar más desapercibidos. En el de Paulino estaban cinco y durante un tiempo permanecen unidos en la huida, pero la imagen de los cuerpos muertos tras la lucha, cinco días después en el monte sin que nadie les de tierra, les hace recapacitar y al final la sensatez es más poderosa. Comprenden que todos juntos es más difícil huir y deciden nuevamente una vez más reducir el grupo, separándose tres por un lado y otros dos por el otro. De los dos que se fueron juntos solo recuerda Paulino su lugar de procedencia: uno de Argomedo y otro de Lándraves (Valdebezana). Con la seguridad de que pronto serían detenidos y ante el temor de que los franquistas le quitaran la pistola reglamentaria que llevaba e hicieran algún uso contra ellos con la misma, se deshizo rápidamente arrojándola al río al pasar un puente cerca de Oseja de Sajambre en León.

PRISIONERO EN LEON AL IR A BUSCAR PAN.

El 28 de octubre de 1937 son hechos prisioneros los tres cuando bajábamos al pueblo de Oseja de Sajambre (León) a buscar pan, ya que llevábamos muchos días sin comer. Hasta ese día lo único que habían metido en el cuerpo era castañas. Recuerda Paulino que momentos antes de que les detuvieran, una mujer muy alterada que no hacía más que gritar al verlos llegar, sin duda por la “buena” propaganda que de ellos, los rojos, habían difundido los falangistas que dominaban el pueblo y la zona. Los cogen y encierran en una chabola que apenas se sostenía de pie junto con otros prisioneros.

Afuera oían a la gente gritando alborotada que habían capturado más rojos y a los falangistas que les mostraran donde tenían “el rabo los rojos”, debido a las creencias incultas que los falangistas hacían creer al pueblo. Decían descender del mismo diablo a los defensores de la república.

Al día siguiente los visitaron en la chabola un grupo de falangistas armados, los cuales les informan de forma humillante y sarcástica, “…que no seréis fusilados en este momento, puesto que acabamos de fusilar a dos en el monte minutos antes y ya tenemos el cupo del día hecho...”
Ese mismo día o tal vez al siguiente les trasladaron a Riaño (León) donde se había habilitado un barracón para prisioneros, cuatro tablas clavadas con un tejado todo agujereado. Allí estuvieron otros seis días y seis noches sin comer ni beber.

Pasados los seis días y junto con otros prisioneros fueron enviados andando desde Riaño a Cistierna para coger el tren de la Robla a León. En el camino, en el alto de El Padrón, los falangistas que los custodiaban saquearon todo lo que llevaban encima. A un tal Casimiro le robaron el reloj de oro que le había regalado una hermana y a Paulino le quitaron la pluma estilográfica. Ante esta situación lo único que pensaron es que inmediatamente los iban a fusilar allí mismo y por eso les quitan todas las pertenencias. Tuvieron suerte y aquello no terminó allí, en una fosa común sin nombre al borde de un camino lejos de su casa. Esa fue la segunda vez que vio la muerte muy cerca y nuevamente pasó de largo. Tras el incidente continuaron caminando hasta llegar a la estación del tren, aligerados de sus pocas pertenencias, pero al fin y al cabo llegaron vivos.

Una vez en León les trasladan al Cuartel de Caballería de San Marcos, antiguo monasterio y hospital de peregrinos, reconvertido para la ocasión en Campo de Concentración. Sin embargo este lugar se ha sabido tiempo después que era un lugar de clasificación de prisioneros, donde unos eran directamente fusilados, otros servirían de mano de obra gratuita y los que menos, los menos peligrosos al régimen eran conducidos inmediatamente a otros campos llamados por ellos de “reeducación”. recuerda como el primer día su entrada a San Marcos; “…una larga fila de prisioneros que pasaba por una puerta y después un pasillo formado a ambos lados por falangistas armados que te golpeaban y aporreaban sin piedad mientras pasabas entre ellos. Pasé lo más rápido que mi cuerpo cansado y dolorido pudo, pero no lo suficiente para recibir una andanada de tortas y golpes en todas las partes del cuerpo, mientras que la cabeza se llevó las suyas aún queriéndome proteger con las manos desnudas…” También siguió fresco su recuerdo del primer día allí: “…después del recibimiento nos meten a las cuadras, convertidas en habitaciones. A mi me tocó pesebre, a otros menos afortunados les toco suelo. Había que andar listo si se quería mantener tu hueco donde dormir, sino te tocaba de pie…”

Lo atroz del lugar ya de por si un campo de concentración donde los derechos humanos no existen, hay que compartirlo con otras experiencias traumáticas que no se olvidaran nunca: “…lo peor de ese lugar fue “la puerta”, un lugar al fondo del claustro donde cada día veían entrar prisioneros, compañeros de cuadra y pesebre, acompañados de un grupo de falangistas. Nunca más se les volvía a ver, nadie preguntaba, todos sabía lo que se escondía tras esa puerta y esperabas no ser tú el próximo.
Todavía tengo en el recuerdo a un compañero de prisión al que torturaron para que firmara no sé que confesiones y delatara a no se que personas. La última vez que lo vimos iba transportado a rastras después del interrogatorio hasta esa puerta...”

La estancia en ese campo de concentración duró mientras alguien decidía nuestro destino, un juicio o consejo de guerra, un traslado a una prisión o en el peor de los casos la ejecución.Existe un documento firmado el 12 de diciembre de 1937 en el que se dice :

” RESULTANDO: que Paulino La Fuente Riancho que se hallaba en las filas marxistas se le hizo prisionero, CONSIDERANDO: Que la Comisión Clasificadora de Prisioneros y Presentados considera a este sujeto como sospechoso de actividades y visto el Informe de la misma, Procede que el mencionado individuo sea destinado a un Bon. de trabajadores de conformidad con lo dispuesto en el articulo 5º de la Orden Circular de 23 de julio último.

El batallón al que es enviado es al Batallón de Trabajadores Asturias 21, citado a lapicero en la hoja de identificación que le hicieron el día de su captura. En ese expediente figuran otros datos muy interesantes como su filiación al partido socialista y a la U.G.T y el empleo militar que tenía el día de su captura. Aquí fue muy listo Paulino y dijo que soldado, así como que le alistaron forzosamente. De esta forma se libraba de una ejecución sumadísima por parte de algún grupo incontrolado de falangistas. La verdad si fuera necesario para salvar su vida ya saldría más adelante.

A partir de aquí es el propio Paulino quien nos cuenta su historia:
Durante los tres meses que allí permanecí prisionero me tuvieron realizando trabajos forzados diversos, como por ejemplo el sacar piedra del río Orbigo, que junto al campo de prisioneros pasa, a temperaturas extremas de frío de entre unos 10º C. y 12º C. bajo cero. También fui enviado a Puente de Castro a realizar una carretera siniestra, la que llevaba del paredón de los fusilamientos al cementerio. Después me sacaron del grupo que hacía la carretera y me ordenaron cavar fosas en el propio cementerio. Una imagen se me quedó grabada en la retina; “todas las fosas que durante el día se habían hecho, al día siguiente había que hacer tantas más, porque las otras ya estaban llenas y tapadas”.

EPOCA DE CARCEL; DE CONDENA A MUERTE A 20 AÑOS DE TRABAJOS FORZADOS.

De León fui trasladado a la prisión provincial de Burgos donde fui recluido a la espera de juicio y mientras se realizaban las diligencias previas. Aquí es donde las labores de información del aparato fascista hacen su trabajo y recopilan informes sobre tu conducta personal antes y durante la guerra. Se piden informes sobre la labor política y social mía y donde solo los contrarios a mi persona son admitidos en el juicio. El cura, el alcalde, la propia Guardia Civil y algún que otro vecino hostil y favorable al alzamiento presentan informes de mala conducta.

Fui condenado en juicio sumarísimo a pena de muerte junto a dos compañeros apresados junto a mi, Juan Bustamante Martínez y Casimiro García Diez, por que según su tribunal militar franquista habíamos auxiliado a la rebelión alistándonos en el ejército rojo. También se nos acusaba de haber hecho guardias de armas y requisado armamento en el pueblo.
Sin embargo a mí y a Casimiro García se nos conmutó la pena por 20 años de prisión, Juan Bustamante no tuvo suerte y murió esperando la condena.
Es incomprensible que los propios que se alzaron en golpe de estado contra la legalidad vigente de la republica nos consideraran a nosotros rebeldes por auxilio a la rebelión.
Para cumplir la condena impuesta de 20 años de prisión, me enviaron a la cárcel Provincial de Burgos, donde más tarde se me conmuto la pena por otra reducida a 12 años de trabajos forzados.
Para realizar la condena me trasladan nuevamente, esta vez a la cárcel habilitada de Valdenoceda (Burgos), antigua fábrica de hilo de seda.
Entré el 17 de enero de 1938 en calidad de detenido y entre los trabajos que le obligaron a hacer, el que más me impresionó y a todos los demás prisioneros, fue el de hacer el muro de cierre alrededor de la cárcel, encerrándonos de este modo a nosotros mismos.
Entre los reclusos conocí a Francisco Rojo, con el que entablé una gran amistad que me permitió conocer a su hija Ramona Rojo; con la que más tarde se casaría.
De la condena a 12 años a que fui condenado solo cumplí 2 años y 1 mes, siendo puesto en libertad provisional a la espera del juicio definitivo.

Poco antes de entrar en Valdenoceda el 29 de agosto de 1937 mi padre José Lafuente López es detenido en Santander por falangistas después de ser reconocido por vecinos afines al bando rebelde. Había huido de Arija con mi madre y hermano pequeño ante el avance del ejército franquista. El ser miembro activo de UGT, militante socialista, miembro del comité de defensa de Arija y sindicalista de la fábrica de vidrio San Gobain fue suficiente para acusarle de cuantos crímenes y desmanes se habían producido en aquel territorio. En consejo de guerra sumarísimo se le condena a muerte que es aplicada el 28 de julio de 1938, siendo asesinado por fusilamiento contra las tapias del cementerio de Ciriego en Santander estando yo aun dentro de la cárcel.

Mi dolor dentro de la prisión no es comparable al de él al verse delante de un pelotón de ejecución y saber que su cuerpo va a ser tirado a una fosa común junto con otros y que sus familiares no podrán llorar ni depositar flores sobre su tumba por miedo a ser señalados.

 

FIN DE LA GUERRA. BATALLONES DE TRABAJADORES: 1940-43 (..Y LO LLAMABAN MILI).

3PAULINO LAFUENTE de QuintaentelloEl 19 de febrero de 1940 me pusieron en libertad y regrese a mi casa en Muskiz (Bizkaia), donde me esperaba los hermanos y mi madre. Sin embargo mis primeros días de libertad los dedico a pasar por Manzanedo, donde visite a la que quería fuera mi mujer, Ramona Rojo y su familia. Más tarde se dirige a Quintananetello, a la casa familiar de mi madre Plácida. Allí viven ahora, ocupando una casa que nos les pertenece y sin tener permiso alguno miembros de otra rama de la familia, sobrinos de mi madre de Placida, María Fernandez, Matias y su familia. Su casa es la de al lado, quemada en el avance nacional sobre el pueblo.

Cuando llego a Quintanaentello soy visto por un vecino que corre a Soncillo a denunciarme a la Guardia Civil. Mientras tanto soy acogido en mi propia casa y avisado de que vienen a buscarme por lo que no tengo más remedio que salir huyendo hacia Muskiz, por el miedo de volver a ser encarcelado.

Cuando las fuerzas de la Guardia Civil se presentan en el pueblo, le preguntan a Matias que cómo se le ocurre dar cobijo a un “hijo de Lafuente” a lo que el hombre contesta que tiene que hacerlo puesto que la casa es nuestra.

Se que tengo poco tiempo de libertad definitiva, me tengo que presentar próximamente al Tribunal Militar de Burgos para ser enjuiciado en Consejo de Guerra, a pesar de haber pasado ya más de 2 años de cárcel entre León y Burgos.

Entre el 4 y el 7 de mayo de 1940 la Guardia Civil me busca Paulino en los distintos domicilios de Quintanaentello en Burgos y Muskiz en Bizkaia, donde finalmente me encuentran y detienen. Rápidamente me trasladan a Burgos y al día siguiente, 8 mayo, entro por la puerta del tribunal militar para contestar a las preguntas que en el juicio me someten.
Finalmente soy condenado a una pena inferor a los 12 años y un día en virtud de mi poca peligrosidad, siendo trasladado en primer lugar a la prisión provincial de Avila donde paso casi un año.
Más tarde me envían a la prisión de Larrinaga en Bilbao el 23 de abril de 1941, donde permaneceré hasta el 2 de junio del mismo año.
De allí me trasladan al Depósito de Concentración de Miranda de Ebro (Burgos), donde me mantendrán recluido hasta el 23 de septiembre del mismo año. Esos 3 meses que pase allí han sido los más duros de toda mi vida carcelaria, donde cada día suponía un día más vivo sin garantía de sobrevivir muchos más, dada la penosidad y estado de ese campo de concentración.
El 23 de septiembre me vuelven a trasladar, en esta ocasión mucho más lejos. El gobierno franquista decide por Orden de 2 de julio de 1941, del Ministerio del Ejercito, que quienes perteneciendo a los reemplazos de los años 1936 a 1941, estuviesen en situación de prisión atenuada o libertad condicional, “tienen condición de soldados” y su destino inmediato son los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores.

Este decreto es el colmo del despropósito: de soldados republicanos que defendíamos el estado de derecho vigente ante un golpe de estado militar, a prisioneros de guerra como delincuentes y “rebeldes”, para al final tener que hacer la mili trabajando con el bando contrario.

Salí del Depósito de Concentración de Miranda de Ebro y trasladado el mismo día al Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores nº 12 de Irurita (Navarra).

El 30 de junio de 1942 y tras permanecer 9 meses en el, soy trasladado nuevamente, esta vez al Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores nº 31 de Lavacolla (Santiago de Conmpostela-Galicia).

No me acuerdo cuanto tiempo pase allí, pero un nuevo trasladado me lleva a los campos de trabajo en África, a las colonias-cuartel del ejército español.
El trabajo que allí me obligaron a realizar como esclavo de Franco era para el ejército, limpiar campos de palmito y así poder plantar cebada para los mulos y caballos militares. Los campos estaban en Ceuta, Tetuan, Tánger, Arcila, Larache, Zocoarbua, Grutas de Hércules, Saguen, etc…

Recuerdo la miseria que nos pagaban, que no eran más de 5 pesetas, conocidas popularmente como “las sobras”. Más tarde nos aumentaron a 10 pesetas, concretamente en Zocoarbua.

De este lugar recuerdo a un sargento nacional, con muy mala leche, que decía había sido herido en Artxanda durante la caída de Bilbao. Pretendiendo ganar méritos por las heridas de guerra que llevaba, muy común entre los militares de Franco, y sabiendo que yo estuve allí, se empeñó en presionarme para que dijera a los mandos que había sido yo el que le dispare. Como no consiguió mi confesión me hizo la vida imposible en el campamento.

También recuerdo la primera vez que llegue a Zocoarbua, nos metieron en un barracón que había sido ocupado antes por legionarios regulares y moros. La suciedad de este lugar y el tamaño y cantidad de los piojos nos obligó a desinfectar la ropa, la única que teníamos, hirviéndola en los pucheros de la comida. Me acuerdo aún ver moverse solos los jerseys arrastrándose por el suelo por los piojos que tenían.

Todos los prisioneros de este batallón de trabajadores eran de procedencia norteña, sobre todo castellanos y vascos, excepto algún andaluz.

Tres meses después de ser liberado, el 3 de octubre de 1943, me case con Ramona Rojo en Manzanedo (Burgos), dejando atrás una época gris y poco grata de recordar de mi vida, que sin embargo no me abandonará nunca.

En pocas palabras : “salí de casa con 19 años y regresé con 24”.

MAS INFO

NOTA DE LOS AUTORES;

Conocí a Paulino allá en el año 1993 cuando su nieta Aiyoa, la que hoy es mi mujer, me llevó a un pueblecito burgalés de las Merindades, concretamente a Manzanedo, en plena naturaleza semisalvaje de Valle de Manzanedo. Allí, en semana santa del mes de abril estaba trabajando junto con su yerno José Perelló en la restauración de la casa familiar de los Rojo, recuperada para la familia por José y Txaro.

Mi primera imagen del abuelo Paulino fue la de un señor mayor, mayor sólo en edad, con traje de faena y bajo su inseparable txapela, realizando mil y un trabajos dentro de la casa. Era un hombre ilusionado siempre con el trabajo, mas cuando la labor a realizar era la de recuperar la habitabilidad de una casa en la que su mujer vivió de joven.

Me cayó bien desde el principio, yo no tenía abuelos vivos, por lo que el conocer a aquel señor fue una agradable experiencia, más si al final y con el paso del tiempo llegue a ser parte de la familia.

Siempre me trató como a uno más de sus nietos, y eso que era “pegado”. Me encantaban sus historias, su sabiduría y sobre todo su experiencia en la pasada guerra civil, de la que fue protagonista activo. Esa fue mi mayor unión hacia él, pues cuando poco a poco iba conociendo retazos de esa guerra, más héroe se convertía para mí.

Recuerdo que siempre le decía que me contara cosas sobre aquella época, es más, a pesar de que le costaba mucho recordar aquellos sucesos trágicos, no por falta de memoria que tenía mucha, si no por dolor en el corazón, siempre tenía a mano un suceso, una historia o las respuestas a mil preguntas.

Nunca se tomó en serio mi propuesta de escribir sus memorias sobre la guerra, decía que aquello a nadie interesaba. Y en parte tenía razón; tres generaciones nos separaban, la suya era la primera, la protagonista y pocos vivían para contarlo con propiedad y conocimiento de causa; la segunda, los hijos conocían el sufrimiento de los padres y aún tenían presente muchos símbolos opresores del pasado y opinaban que mejor dejarlo pasar; y la tercera generación, los nietos no conocen ni quieren conocer en muchos de los casos las “batallitas del abuelo”.

Sin embargo el error es ese, el no conocer la historia de nuestros mayores, sus experiencias, sucesos y desgracias, para de esta forma poder comprenderles mejor y aprender para que cosas como aquellas no vuelvan a suceder. En nuestra mano está el dar a conocer las historias de nuestros abuelos, y en el caso de el abuelo Paulino mejor que ningún otro, pues tenía la experiencia de tres generaciones anteriores, sus abuelos, padres y de si mismo y otras tres posteriores: sus hijas, nietos y biznietos.

Al final y seguramente a sabiendas de que algo grave le sucedía fue a partir del verano del año 2000 cuando se preocupó de dar el visto bueno a sus memorias. Poco a poco se fue ilusionando y eligió la época de la guerra para comenzar su relato. Al principio poco a poco para no agobiarle y luego era el que nos animaba todos el día a continuar: “ayer no vinisteis y tenía muchas cosas que contaros”, nos decía si faltábamos a la cita diaria.

Desgraciadamente no pudo contarnos muchas más cosas, la muerte le sorprendió rápidamente el 9 de Noviembre de 2000 y el proyecto quedó roto en su principal parte, su protagonista.

Sin embargo en honor a él y esperando lo pueda leer desde donde esté, continuamos con su historia, su biografía, ampliada a la historia de la familia a lo largo de seis generaciones. Este artículo es el primer capítulo INEDITO del libro que estamos escribiendo sobre la historia de la familia LAFUENTE, Y cuenta de primera mano su experiencia en la Guerra Civil, él quiso que ese fuera su primer recuerdo en sus memorias y así se ha hecho.

Acerca de Las Merindades en la memoria.

Una invitación a participar en una INVESTIGACION ABIERTA Y PARTICIPATIVA. Y simultaneamente un espacio de homenaje a las victimas. Haz algo. Contactanos merinmemo@gmail.com
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3 respuestas a PAULINO LAFUENTE RIANCHO de Quintaentello.

  1. Dúnia dijo:

    Una historia q impacta por la injusticia, pobreza, dolor, pero sobretodo, por los continuos traslados sin lógica durante tantos años….qué fue, finalmente, de Paulino?
    Gracias por hacer pública esta historia tan dramática, salud!

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    • Aiyoa dijo:

      Soy Aiyoa, autora del artículo y nieta de Paulino, al poco de quedar libre se casó con mi abuela Ramona a la que conoció cuando estaba preso en Valdenoceda. Tuvo una gran vida, fue carpintero profesional tuvo tres hijos, sies nietos y conoció a su primer biznieto. Murio con 77 años.
      Gracias por tu comentario, salud!

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      • Dúnia dijo:

        Hola, Aiyoa, gracias a ti, feliz final para una dura vida. me alegro por Paulino, por Ramona, por todos vosotros y por ti, por poder conocer la historia y compartirla con nosotras. Muxas gracias!
        Salud!

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