LA CARCEL DE MUJERES DE AMOREBIETA

Cementerio de Vivas la llamó Tomasa Cuevas. Recientemente se ha publicado un libro titulado “Individuas peligrosas” (Editorial Txertoa), escrito por la historiadora Ascensión Badiola, donde  recoge los horrores que sufrieron las presas de la Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, entre 1939 y 1947. Hoy funciona allí un colegio privado católico.

Debido a que los archivos de las cárceles de Amorebieta y Durango se encuentran desaparecidos, gran parte de la historia se reconstruye en base a los testimonios de las presas, entre ellos de la vecina de Medina de Pomar Teopista Bárcena Alonso, mujer del asesinado Gregorio Gallaga.

Que hayamos podido saber solamente hay tres mujeres de las Merindades en aquella cárcel. ¿Es conocido algún otro testimonio? merinmemo@gmail.com

Vecinas de las Merindades en la CARCEL DE AMOREBIETA (Listado Provisional)

  1. Ochoa Robledo, Emilia. Nacida em Fresno de Losa en 1903. Casada. Estaba en el censo de reclusas del penal de Amorebieta en 1945.
  2. Bárcena Alonso, Teopista. 44 años, SL, 7 hijos, Nacida en Oña, vecina de Medina de Pomar. Casada con Gregorio Gallaga.  Condenadas a diez años de prisión. Los tres primeros los pasaron en la cárcel de Burgos. Una prisión vieja y sucia, carente de comodidades, pero cuando les dijeron que las trasladaban a la cárcel de Amorebieta, no supieron si sentirse aliviadas o preocupadas.
  3. Gallaga Bárcena, Teopista. 15 años, de Medina de Pomar.  Hija de Gregorio Gallaga.

LA CARCEL DE AMOREBIETA

Se ubicó en el centro del pueblo, en lo que hoy es el colegio del Carmelo, y fue prisión desde 1939 hasta 1947. La plataforma Ahaztuak  realizó un homenaje y colocó una placa en la entrada al edificio en memoria.

De esta cárcel  no existen más datos que los que se han podido obtener indirectamente de otros archivos carcelarios o de los escasos testimonios de reclusas que estuvieron allí, como son los facilitados por Tomasa Cuevas. También los de Teopista Bárcena y Teopista Gallaga Bárcena, madre e hija vecinas de Medina de Pomar,- libro “Yo fui presa de Franco”-de los Cardero

La cárcel de Amorebieta. Era un antiguo seminario carmelita que  había sido construido entre  1931 y 1933,  convertido en hospital durante la guerra y cárcel después. Era una prisión de carácter estatal que formó parte del circuito carcelario creado por el régimen franquista para las mujeres republicanas.

Hubo “dos períodos claramente diferenciados, entre 1939 y 1940 fue Hospital Prisión, un centro de reclusión provisional, para mujeres que no tenían cabida en las sobresaturadas prisiones oficiales. La apertura del denominado Hospital-Prisión de Mujeres de Amorebieta tuvo lugar en septiembre de 1939. Una de sus fuentes de alimentación será el Chalet Orúe de Bilbao.

Entre 1940 y 1947 se convirtió oficialmente en Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, un centro de cumplimiento al que fueron trasladadas reclusas de toda España. Este segundo período fue especialmente terrible, por el hambre y los fallecimientos.

Disponía de dos amplías naves, en la más grande convivían más de 500 reclusas y en la pequeña alrededor de 200. En Euskadi hubo tres cárceles de mujeres que fueron estratégicas por el volumen de reclusas, dos estuvieron en Vizcaya Durango y Amorebieta, y la más importante en Guipúzcoa: Saturraran.

LAS PRESAS


Prisión de Amorebieta 1942.-sentada-a-la-derecha-tomasa-cuevas.jpg

Hubo mujeres de todas partes: La Mancha,  Extremadura, Asturias, Andalucía,  Valencia, leonesas, santaderinas…aunque por número, predominaban las presas madrileñas.  Mantenían la política penitenciaria de dispersión y alejamiento de las familias. Así muchas de ellas  son del Centro y del Sur..

Pilar Pascual, presa en esta cárcel cuenta que fue trasladada a Bilbao desde Madrid, donde les llevaron a la estación del Norte, el viaje fue en tren (trenez ekarritakoak).

No hay una cifra número total de mujeres que pasaron por esa cárcel. En el libro de Badiola aparecen los nombres de las 958 prisioneras que alcanzaron la libertad condicional, así como los datos del censo de las mujeres que se encontraban encarceladas en Amorebieta en 1945. De esta manera, la autora ha conseguido establecer la identidad de 1.239 mujeres

Junto a las mujeres se mantuvo encerrados en el penal a decenas de niños de corta edad, algunos de ellos nacidos y muertos en cautiverio.

LAS CARCELERAS

La incorporación de las órdenes religiosas femeninas en establecimientos penales masculinos y femeninos no fue una medida excepcional, de carácter provisorio, pretendían un espacio de regeneración moral y reeducación social.. En el penal de Amorebieta en diciembre de 1939 había ocho hermanas de San José con la superiora, Simona Azpiroz, que dirigió la cárcel con mano de hierro. En cuanto al trato de las monjas encargadas de gobernar la prisión, éste era horrendo. Ejercían un chantaje sobre las reclusas especulando con el hambre para conseguir el arrepentimiento.

El capellán Leandro Echevarría Arregui (Arrasate 1910), a quien tachan algunas de ‘demonio lujurioso’ y ofensivo; para él las presas eran, como menos,  ladronas, asesinas o prostitutas.

En algún momento  tuvo como director a un Machado, en este caso, Francisco, hermano mayor Antonio. En julio de 1944, la Junta de Disciplina de la prisión de Amorebieta, estaba presidida por la directora Celia Oarrichena, había pocas mujeres cárceleras, otra que destacó fue Magdalena Larrondo.

LAS CONDICIONES DE VIDA: MISERIA, HAMBRE, FRÍO Y HACINAMIENTO

TALLER-carcel-amorebieta

Las condiciones de vida eran similares en todas las prisiones,  a la par oficios religiosos, himnos y cánticos.  Poca comida, mucho frío, y sin ninguna calefacción. Hasta el punto que el frío del propio cuerpo se sentía más que el hambre. de Tomasa Cuevas, “era de verdadera pena el ver a aquellas mujeres de Amorebieta . Estaban consumidas y tenían la piel amarillenta hasta tal extremo que empezamos a llamarlas ‘las de raza amarilla’. Unas semanas más tarde teníamos el mismo color que ellas, causado por el hacinamiento, la suciedad y la escasa comida”. Teopista Bárcena, otra de las ex presas. “Las condiciones de vida eran similares en todas las prisiones; poca comida, mucho frío, a veces insoportable al ser el suelo de cemento y sin ninguna calefacción. Hasta el punto de que el frío del propio cuerpo se sentía más que el hambre y la comida era mala y escasa. Los castigos eran habituales por cosas nimias”.

Los malos modos eran frecuentes, especialmente de las monjas que dirigían la cárcel, con favoritismos para las reclusas que iban a misa y falta de humanidad para las presas que se oponían. Los castigos eran habituales por cosas nimias.

La asistencia médica inexistente y la higiene no llegaba a ser ni mínima, sin duchas y con un solo lavabo. Los servicios básicos eran absolutamente insuficientes- según cuenta Teopista en un escrito que envía a su hermano- donde describe que en su nave funcionaban sólo dos váteres, no había duchas y una estrecha y larga pila, a modo de abrevadero para ganado, era el lavabo. Parece que hubo algún tiempo un médico, el médico republicano de Ea,  José Alegría Mendialdea, que había sido detenido y puesto a disposición del juez militar el 14 de agosto de 1937.  Fue sometido a consejo de guerra y sentenciado a reclusión en la Prisión Provincial de Bilbao durante 6 años, sin embargo, este médico vizcaíno salió de Larrinaga el 10 de noviembre de 1939 para ejercer de médico en la prisión de Amorebieta.

Por Teopista sabemos  también podemos saber que la comida era escasísima y mala, con acusada discriminación para las “convertidas”, que iban a misa diaria y comulgaban de vez en cuando. Así conseguían alguna patata flotando en el agua. Para las rebeldes, agua sola. En cuanto al régimen de alimentación,  en el testimonio de Nieves Torres: «Desde el primer día, en Amorebieta, recuento y formación para ir a recoger el desayuno, si a aquello se le podía llamar desayuno, porque era agua caliente, así se explicaba cómo estaban las mujeres.  Por la mañana, en ayunas, un cazo de agua caliente, decían que le ponían Maggi, pero no sabía a nada. Después subía una orden, a formar con cuchara y plato al patio, y todas al patio.

Estuvieron en huelga de hambre y a los tres días subieron con la caldera de la comida. Habíamos quedado todas en no levantarnos de los petates. La voz seguía llamando y nosotras no nos movíamos. Subió el director, un tío gordo, de luto, que se plantó en la puerta y dijo: No quieren ustedes coger comida, pues no hay otras cosa ¿eh? Y les voy a decir una cosa, yo pongo aquí una ametralladora ahora mismo y no queda ni una, y con una firma en el papel lo tengo arreglado. Al otro día hubo comida. Fue poco, pero al menos hubo repollo y cuatro pedacitos de patata. Lo pasamos muy mal en aquella cárcel y perdimos a muchas compañeras.( 78 ) Testimonio de Pilar Pascual, obtenido de CUEVAS GUTIÉRREZ, T., op. cit., 2004, p- 78

Tomasa Cuevas certifica el hambre pasado en Amorebieta, y dice de esta cárcel: Los plantes que habíamos hecho en Amorebieta eran una pura necesidad por la miseria en que se vivía, pero no recuerdo que aquello se plantease como una cosa política. El hambre nos unía para enfrentarnos a la dirección de la cárcel, y esto no dejaba de ser una lucha política; pero no era organizada por un partido político.

Hacían la vida en el patio constantemente, apiñadas.  Para la cantidad de mujeres, posiblemente unas dos mil, no era un patio muy grande. Era también un colegio de frailes y en el patio exterior había una huerta grandísima, donde se podía haber salido a tomar el aire y el sol, pero en aquella huerta sólo acampaban los animales; había cerdos, gallinas, conejos.

En la enfermería, situada en el primer piso, la sobre alimentación era un pedazo de bacalao, hasta tal punto podrido, que acudió el alcalde del pueblo para protestar por el nauseabundo olor que, a través de las ventanas del almacén, apestaba el pueblo. Las ventanas fueron cerradas y el bacalao se pudrió más deprisa, pero siguió figurando en el menú diario.

Por otra parte, ni se organizaba, ni se permitía nada que recordase a escuela, taller o cosa parecida. Era obligatorio el descanso dominical y en las fiestas debían permanecer un día entero mano sobre mano. No había un solo libro, pero el hambre era tan grande que nadie pensaba en cosa semejante.“El resto del tiempo se luchaba por sobrevivir, estábamos ya eliminadas de la vida normal del trabajo, saldríamos demasiado tarde, demasiado marcadas, demasiado cansadas”, concluye Teopista en su carta. Las mujeres tuvieron que ver morir a sus hijos o sufrir su separación forzosa. Porque los niños, al cumplir tres años, eran separados de sus madres por imperativo legal,  nunca figuraron en ningún registro penal, ni en Amorebieta ni en ninguna otra cárcel.

A los franquistas las prisiones no les parecieron suficientes para matar y humillar a los republicanos, los prisioneros también se convirtieron en mano de obra barata y esclava. Con la función de reducción de penas por trabajo, contaba con talleres de costura desde febrero de 1940 y que en ellos se cosieron prendas y uniformes para la intendencia del ejército. Contaba únicamente con tres máquinas y cinco operarias, En poco tiempo, llegaron a disponer de treinta máquinas y trabajaban cuarenta y siete reclusas: una jefa de taller, una oficial y cuarenta y cinco ayudantes. El Semanario Redención de 26 de octubre del mismo año incorporó una foto en la que se veía a las reclusas trabajando, con la presencia de dos monjas. En Amorebieta hubo también un taller de bordado fino.

Del tipo de castigos propinados en Amorebieta nos da referencia Natividad Morcillo: Nos dijo el cura que toda la que no hubiera confesado ni comulgado, eso fue en Navidad, que tendría un castigo, el del saludo fascista que se hacía para formar, pero el tiempo que a ellos les daba la gana, y la monja nos dio un castigo más refinado. Estuvimos castigadas en unas celdas veintidós mujeres. No eran celdas, eran cuchitriles de convento y como todas no cabíamos en uno, tuvimos que estar de cinco en cinco, así estuvimos desde enero hasta abril, sin cartas, ni correo, ni comunicación.

Los fallecimientos se producían los las condiciones de vida: tuberculosis, bronconeumonías producidas por el hambre y frío., infecciones. De 1939 al 47  murieron 42 mujeres y 6 niños, gran parte de ellas en el año del hambre: 1942.

MUJERES BURGALESAS EN LA CÁRCEL DE AMOREBIETA

  • Borringo Pérez, Obdulia (Burgos 1886)
  • Cebrecos Velasco, Ezequiela (Aranda. 1894)
  • Espiga Adrián, Emeteria (Villardemoros)
  • Ochoa Robledo, Emilia. (Fresno de Losa 1903)
  • Untis López, Felisa (Ucila 1912)
  • Villade Sancho, Petra (Quintana, 1903)
  • Bárcena Alonso, Teopista (Oña 1892)  vecina de Medina de Pomar
  • Gallaga  Bárcena, Teopista. (Medina de Pomar 1921)
FUENTES

DURANGO

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Además de Amorebieta, hubo más cárceles para mujeres en Vizcaya, concretamente, en Durango, en el antiguo convento de monjas que hoy alberga el colegio de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de Nevers. Prisión  entre los años 1938 y 1939 en el edificio que entonces era el Convento de las “Hermanas de la Caridad” y hoy es el Colegio “Nevers”.  De aquel convento solo se conserva.

El 28 de diciembre de 1939 fueron enviadas desde la cárcel de Ventas a esta cárcel de Durango 350 presas, muchas con sus hijos, dice Tomasa Cuevas de Durango, que la población local desplegó una admirable solidaridad con las presas y se hizo cargo de los niños hasta que poco a poco fueron siendo recogidos por sus familiares.

Una de ellas, que también pasó por Durango, es la histórica Rosario Sánchez Dinamitera: la guerrillera que quedó sin mano derecha con 17 años, la cerillera, la miliciana, la del estanco en el franquismo, la comunista, la madre… la glosada en el poema de Miguel Hernández que la hizo internacional. Pasó once meses en la prisión duranguesa.

Acerca de Las Merindades en la memoria.

Una invitación a participar en una INVESTIGACION ABIERTA Y PARTICIPATIVA. Y simultaneamente un espacio de homenaje a las victimas. Haz algo. Contactanos merinmemo@gmail.com
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