HOMENAJE FOSA DE LA MAZORRA QUISICEDO 2 DE JUNIO (Textos-1)

Se ha celebrado el homenaje a los ciudadanos asesinados de la fosa de La Mazorra en Quisicedo (Merindad de Sotoscueva). En un acto calido e íntimo han sido entregados por Aranzadi los restos, y posteriormente enterrados en una tumba colectiva en el cementerio de Quisicedo.

qui1.jpgEntre otros, en el acto se leyó por parte de un familiar  este magnifíco y emotivo texto que repoducimos, en el cual nos narra con gran cariño y minuciosidad lo que pudieron ser las últimas horas de vida de cualqueira de  aquellos asesinados,“que, siempre-siempre, la palabra prevalezca sobre la fuerza”:

Por la ventana de la habitación se cuela la luz helada y temblorosa del amanecer. La lumbre está apagada, consumida por sus propias brasas, y la humedad traspasa las sábanas y mantas de la cama.

Asciende de la cuadra un vapor hondo y caliente, un aroma profundo a estiércol y heno viejo. Hoy las vacas han descansado plácidamente, ya que no se ha escuchado el movimiento de ninguna de ellas durante la noche.

Escucho al fondo del pasillo el leve murmullo de los pasos de una de mis hijas. Se acaba de levantar de su cama. Una luz dulce y lechosa ilumina en su cara una sonrisa.

– Buenos días, apa. ¿Qué tal ha dormido? –me pregunta mi hija Fructuosa.

Entramos en la cocina que aún conserva el leve calor de la noche. Abro los briguetes de las ventanas. La luz del día ilumina el fondo del valle y observo el humo que emana de la chimenea de Modesta.

Mientras preparo el fuego con ramas secas y argumas, mi hija acude a despertar a sus dos hermanas pequeñas que quedan en casa, Victorina y Julia. Recuerdo en sus andares a mi mujer, Vicenta.

Una vez encendido el fuego bajo, pongo a hervir la sopa de ajo en un puchero de barro. Desayunamos los cuatro en silencio.

La iglesia de La Parte desgrana nueve lentas campanadas. Es la hora de echar las ovejas y las vacas a pacer. Hoy confiaremos nuestro ganado a Marcelino e Hilario quienes se marcharán con todo el rebaño y las vacas a la sierra.

Ahora, los rebaños y las vacas del pueblo no suben hasta las cabañas de La Engaña. Se quedan en las eras de la sierra buscando entre las mielgas el último rebrote del otoño, para reservar así para más adelante la hierba almacenada a lo largo del verano en los pajares de las casas.

En el camino hacia La Gándera, los cencerros de los animales se dan la bienvenida entre sí. Vuelvo caminando hacia casa recorriendo las calles del pueblo. Me acompaña mi perro Lobero.

Saludo a Bonifacio, que está cercando el muro de una finca, y me encuentro con los dos Franciscos, Gómez y Ruiz. Hablamos de la proximidad de la nieve y del invierno. A la altura de la Calleja de los Manzanos, le preguntó a Ricardo, que se ha asomado al portal de su casa, si ha nacido el cordero que esperan, y cuando giro la calle a la altura de la iglesia, me encuentro en la era a la tía Quica con su hijo Porfirio.

Vuelvo a casa y limpio la cuadra. Seguidamente bajo al Bao a hacer las hojadas que servirán de cama para las vacas y las ovejas.

Vuelvo a encontrarme con mis hijas al calor del fuego bajo a la hora de comer. Sobre la mesa están dispuestas las alubias con tocino. Las alubias han sido recogidas en los linares de debajo de la iglesia de Entrambosríos.

No nos entretenemos. Preparo el carro con la tasuga y la coneja y subo a Laisa a por leña. Me acompaña mi hija Fructuosa. Recogemos nuestra suerte y cargamos el carro de vuelta a casa.

A las cinco en punto, suenan las campanas. El convoy de La Robla (una máquina de carbón y cuatro vagones viejos) se contrae a lo lejos con un ronco rugido, lanza al aire una columna de humo y comienza a arrastrarse por la vía llevándose consigo los últimos jirones de la tarde.

No tardan en llegar Marcelino e Hilario de vuelta de la sierra. En La Parada, arrean el rebaño y las vacas para que cada una de ellas enfile el camino a casa. Aprovechamos para llenar la tinaja de agua en la Fuente de los Pilones.

El sol retrocede lentamente ante el empuje de la pasiega sobre los Montes del Somo. En estos montes anida el viento de noviembre que por la noche baja al valle para encerrar a las personas y a los perros dentro de las casas, al lado de la lumbre.

Cierro por dentro el portón con la tranca. Busco la horca en el pajar y atraigo un alud de hierba sobre las vacas.

Cojo el candil de petróleo y lo enciendo. El resplandor amarillo ilumina el perfil de las vacas, al fondo de la cuadra, y los ojos recelosos del perro, detrás de mí. Echamos los terneros a mamar.

Cenamos patatas con sebo.

La luna se ha asomado, entre las nubes, y baña de plata helada las ramas de los manzanos de la huerta.

Me he adormecido. El sopor de la cena y el calor del fuego me han adormecido.

-Hasta mañana, apa –me despiden mis hijas-.

En las ventanas, la rendija de los briguetes deja entrar una raya de luna que atraviesa el cuarto en penumbra y se estrella contra la cama.

En las calles de La Parte, sólo los perros y la luna están despiertos.

Dentro de la cuadra, la oscuridad es absoluta. Las vacas rumian la placidez del primer sueño y sus respiraciones hondas llenan de vaho caliente la estancia.

La noche lo envuelve todo, permanente e indefinidamente, empapando la tierra y el cielo, anegando el corazón, el tiempo y la memoria.

Es martes, 3 de noviembre de 1936. O quizás, miércoles, 18 de noviembre de 1936.

qui UN SA  3

Buenos días. Mi nombre es Antton García López. Soy bisnieto de Paulino Gómez Ruiz y, en la actualidad, ocupo el cargo de Presidente de la Junta Vecinal de La Parte de Sotoscueva.

Acabo de leer una ensoñación que parte de la idea de imaginar la vida cotidiana de mi bisabuelo Paulino en el caso de que no hubiera ocurrido aquella masacre. Todo lo que hubiese ocurrido si el estruendo del motor de una camioneta no hubiese roto el silencio aquella tarde de noviembre del año 1936.

Porfirio Gómez Gómez, Francisco Gómez Martínez, Paulino Gómez Ruiz, Bonifacio Gutiérrez- Barquín Martínez, Marcelino Gutiérrez Gómez, Hilario Pérez Peña, Francisco Ruiz Fernández y Ricardo Gómez-Zorrilla Gómez. Son los nombres de las 8 vecinos que, en noviembre de 1936, la infamia se los llevó de sus casas de La Parte. Ninguno de ellos regresó a su hogar. Más tarde, la crueldad terminó también con la vida de Aquilino Gómez Gómez.

Han pasado 75 años desde entonces. 75 años marcados por el silencio, el miedo y el olvido. El miedo impregnado en los cuerpos y las almas de sus familias, de sus hijos e hijas… Y el silencio de sus lágrimas derramadas siempre en la más absoluta de las soledades. Lágrimas que han dejado el suelo marcado por los pasos del miedo.

qui UN SA 1Hay quienes imaginan el olvido como un depósito desierto, una cosecha de la nada y, sin embargo, el olvido está lleno de memoria. Memoria de aquellos que deseamos que la verdad se conozca, que la historia deje de repetirse, que no se perpetúen las injusticias y que los ejecutores dejen sus tronos.

El pueblo de La Parte quiere construir su futuro desde lo que fueron todas aquellas personas que nos precedieron, de todo lo que aprendimos de ellos y ellas, porque así podremos comprender el dolor que sintieron y también podremos continuar el amor que nos dejaron, porque todos, absolutamente todos los vecinos y vecinas que han vivido en este pueblo, han dejado una estela imborrable en la memoria popular.

Estas personas han sido tratadas injustamente dos veces: una cuando les mataron y otra con el tratamiento que le ha dado la historia. Los familiares de estas 9 personas y los demás vecinos y vecinas, que sin ser fusilados fueron perseguidos, son las víctimas olvidadas que no están en los libros de historia, las víctimas “no oficiales”. Porque «la única verdad incuestionable de la guerra son las víctimas».

Y hace falta verdad que sirva para administrar justicia, que sirva para la reparación y de garantía de no repetición.

Debemos completar nuestro patrimonio con la verdad y con humildad. En la medida que vayamos convirtiendo toda esa memoria en patrimonio, habremos saldado, en lo que nos concierne, una deuda que arde.

qui UN SA  2Y, en este sentido, el trabajo de localización, exhumación e identificación de la fosa común realizada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi es una aportación muy valiosa. Reconoce la dignidad de todas estas personas y nos permite a sus familiares y allegados satisfacer una necesidad humana, darles sepultura como se merecen. Pero más allá de ser para el recuerdo de la muerte, conviene hacer de ellas un lugar para conmemorar la vida, un espacio de memoria, pero a su vez un mandato de libertad de los que ya no están.

Y, por último, cómo olvidarme de Elisa. No voy a alargarme en el agradecimiento que toda tu labor merece. Simplemente, transmitirte que para mí eres una de esas personas que Bertolt Brecht calificaría como “imprescindibles”, puesto que la lucha que has encabezado durante todos estos años, nos ha permitido llegar a este momento. Muchas gracias de todo corazón, Elisa.

OTRAS INFORMACIONES

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Acerca de Las Merindades en la memoria.

Una invitación a participar en una INVESTIGACION ABIERTA Y PARTICIPATIVA. Y simultaneamente un espacio de homenaje a las victimas. Haz algo. Contactanos merinmemo@gmail.com
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